Entrevista a la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide (n. 1942)

By Olaya Barr

Esta entrevista forma parte de mi investigación sobre la fotografía de Graciela Iturbide, la cual culminó en mi tesis Representation, Signification, Interpretation in the Photography of Graciela Iturbide (1ro de abril, 2013). El objetivo del trabajo de investigación era deconstruir los códigos de significación dentro de sus imágenes y llevar a cabo un análisis profundo de la relación entre sujeto, artista y público, específicamente en dos de los pocos desnudos femeninos que tiene su obra. Sin las revelaciones de nuestra conversación, no me habría dado cuenta de las grandes consecuencias (y presunciones a veces falsas) de la codificación en torno a su obra, o de las relaciones entre imagen y significado, impuestas por el público (en el cual incluyo a la crítica).

En las fotos de Iturbide veo fluidez en los sujetos, personajes sin identidad concretamente descifrable, cuerpos, paisajes y costumbres cuyas representaciones se desvían de nuestras expectativas convencionales. Frecuentemente los críticos de la obra fotográfica de Iturbide hacen hincapié en sus aspectos políticos o surrealistas. El interés de la fotógrafa por la cultura indígena se ha interpretado como una decisión radicalmente política; de manera general consideran que reitera su apoyo a la Izquierda en paralelo a su simpatía por los movimientos de liberación nacional contra el gobierno militar. Aunque sus libros no son ilustraciones de batallas políticas de la época, los años en que fotografió la mayoría de sus proyectos con comunidades indígenas (1973-1983) indudablemente se vieron dominados por agitación social de coaliciones indígenas. Los análisis previos de sus fotos confían en discursos falsos sobre el significado de fotografiar como mujer, o como latinoamericana, con historias y rasgos políticos inscritos en su arte a priori. El realismo mágico y la etnografía indígena también son temas que se consideran pertinentes a la hora de ver el mundo desde el punto de vista de una latino-americana. Iturbide, como veremos, rechaza estas presunciones.

En mis investigaciones, he llegado a la conclusión de que los académicos que se ocupan de la obra de Iturbide frecuentemente tienden a basar sus interpretaciones en una codificación que convierte las imágenes en algo homogéneo, previsible, simple. Limitan la comprensión de sus imágenes a fuerza de enfatizar aspectos superficiales.

Agradezco a NYU la beca DURF (Dean’s Undergraduate Research Fund-noviembre 2012) que hizo posible mi encuentro con la fotógrafa, a Graciela Iturbide por su tiempo y generosidad, y a la profesora Lourdes Dávila por su incesante apoyo. Deseo que el lector disfrute de la conversación que sigue[1] y que, después de leerla, empiece a pensar en las posibilidades que tienen estas fotos para reconsiderar nuestras convenciones imaginarias.

23 de Noviembre, Coyoacán, Mexico DF.

Bueno, empecemos hablando un poco sobre su técnica. ¿Por qué fotografiar en blanco y negro?

En blanco y negro es como ya veo mi mundo, mi propia abstracción de la imagen. Octavio Paz, el gran poeta mexicano, le dijo a Álvarez Bravo, “la vida es en blanco y negro.” Fotografío así porque así me acostumbré, y así seguí, y así me gusta. En general, las fotos de color las siento como de mentira, fíjate qué raro.

¿Cuánta preparación preliminar llevan sus fotos? ¿Varía dependiendo del proyecto? ¿Cuánto tiempo dedica a organizar el tema, a establecer su visión? Por ejemplo, cuando va por encargo a fotografiar algún grupo concreto, como en el proyecto de Juchitán de las Mujeres, ¿tiene ya en mente cuál va a ser su enfoque?

No. Yo trabajo de una manera muy intuitiva, aun si es por encargo (aunque, bueno casi ya no tengo encargos). Ni yo misma sé lo que voy a fotografiar. Yo fotografío lo que me sorprende, nada más. Pero leo mucho [para prepararme]. Yo leí mucho cuando trabajé en Juchitán, leí mucho de la historia de Juchitán, de las leyendas de Juchitán, de los rituales de Juchitán. Pero no para hacerlos, sino para empaparme de esta cultura. Y como ya la gente allí me conocía porque vivía con ellos, se me hizo muy fácil. Yo fotografié mi Juchitán. Es lo que yo vi.

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Travestis en el cementerio de Juchitán, Oaxaca, 1988 y Juchiteca con cerveza, Juchitán, México,1984.

Cuando va a sacar retratos, ¿intenta proyectar sobre los sujetos elementos de su cultura? No digo de una forma agresiva; por ejemplo, cuando saca una foto de una mujer en Juchitán, conociendo ya su cultura, ¿quiere que el público entienda o conozca el contexto cultural?

En ese sentido, soy muy egoísta. Yo tomo lo que a mí me gusta. Y en general los retratos que hago son por complicidad. Por ejemplo, [para la foto de] Magnolia, la travesti con el espejo, ella me lo pidió. Pero, en general, yo tomo retratos cuando la gente me lo pide, es en el momento. Magnolia me dijo, “Hay mi amor!” -porque así hablan los muxes- “Hay mi amor, hazme una foto!”. “Claro Magnolia.” Pues aquel día él se vistió como quiso en el cuarto e hicimos lo que él, y lo que yo quisimos, ¿me entiendes? Yo nunca pienso en un retrato [antes] al menos, de que sea un pintor o algo más personal. Pero en Juchitán fue en el momento. Yo necesito complicidad.

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Magnolia, Juchitán, Mexico, 1986 y Doña Guadalupe, Juchitán, Mexico, 1988.

Y en esta foto, Doña Guadalupe, ¿cuál es la historia? ¿Para qué servía el antifaz?

En cambio, en ésta, yo le quería tomar un desnudo. Entonces fui a su casa y tenía este antifaz de los aviones. Le dije “Bueno si quiere, Señora Guadalupe, póngase el antifaz. Y así voy viendo cómo hago el desnudo.” El antifaz fue para que no se viera tanto...En Juchitán aparentemente es un lugar liberal, pero no es cierto entonces. Yo cuidaba un poco de que [las autoridades] no identificaran bien [a las mujeres]. Pero también, bueno, ¡porque me gusta el antifaz! Entonces, en ese momento entraron el bebé y su perro. Estaban parados, viendo asombrados por el antifaz. Tomé esta foto y ya no tomé el desnudo. Pero fue casual.

¿Y el desnudo en “El Baño”, fue casual también?

Pues ésta es de otra amiga en Juchitán, Catalina. Y yo le dije “Hay Catalina, me gustaría hacerte un desnudo, por favor”. Porque tiene este cuerpo, grande. Y me dijo “Bueno Graciela, tú ven a casa y mientras yo me baño, tú me sacas fotos”. Ella se baña así, sentada ya que arriba hay la regadera. Es una casita chiquita, y esta parte es su baño. Y no es que se esté tapando la cara, simplemente se está lavando. Pero de toda la serie escogí la que no se ve toda la cara para publicarla. Tengo muchas pero me pareció esta foto la más discreta. Para tener cierto respeto por ella, para que no la molesten. Porque los juchitecos pueden molestar a las mujeres, hacer bromas.
Pero en este caso también, como en otros retratos, [el sujeto] me dijo dónde. Dijo ven, y mientras yo me baño tú me fotografías.

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El Baño, Juchitán, Mexico, 1988. y Juchiteca con cerveza, Juchitán, Mexico, 1984.

Muchos de sus sujetos están disponibles y dispuestos a hacerse retratos. Eso tendrá que ver con su acercamiento a la gente. No podría sacar estas fotos si fueran desconocidos, ¿no? En cierto sentido, sí, las fotos son espontáneas, pero dentro de la íntimas relaciones que construye con las comunidades...

Sí, ellos me conocían. Cuando yo fotografío comunidades, trato de pasar tiempo con ellos, y si puedo vivir con ellos, mejor. Pues, en Juchitán, durante seis años iba y venía. Yo pasé mucho tiempo en los mercados practicando con las mujeres. Hay que crear una complicidad, así se sienten amigas.

En muchas de sus fotos hay una presencia de interioridad, literalmente y espacialmente. Quizás tiene que ver con el hecho de que usted conoce la comunidad y la gente antes de sacar retratos. En "El Baño," y en "Limpia de Pollos," por ejemplo, hay la sensación de que usted es parte del grupo, físicamente dentro del círculo. También está relacionado con el marco de las fotos. Corta partes del cuerpo y de cierta manera, esto contribuye a la sensación de un enfoque desde adentro. Se cortan las cabezas, los pies...

¡Sabes lo hago todo inconsciente!

¡No le creo!

¡Te lo juro! Un día cuando tienes tiempo vienes a fotografiar conmigo y verás. A lo mejor corto la cabeza porque si no, los pollos van a quedar demasiado chiquitos, son cosas así.

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Danza de la Cabrita, La Mixteca, Mexico, 1992.

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Limpia de Pollos, Juchitán, Mexico, 1986

Y también hay mucho movimiento en sus fotos que insinúa un proceso espontáneo...no solo en Juchitán. Mire ésta es en Almería [“Gitanita”].

Ésta es en la cueva de los gitanos. Fue muy difícil. La están preparando para que saque la foto pero me adelanté. Y pasó esto, este movimiento. Luego a veces quieren “retratito-retratito,” pero yo generalmente no hago “retratito-retratito.” La iban a peinar y saqué la foto. A mí me gustan mucho los accidentes, adoro los accidentes. Te digo, mi trabajo no es pensado, en general.

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Gitanita, Almería, Spain, 1991 y Los Pollos, Juchitán, Oaxaca, 1979.

Volviendo a su trabajo en México, “Juchitán de las Mujeres” ha sido una serie muy popular, con una recepción muy positiva. Creo que a la gente le gusta porque ofrece una visión de México alternativa, una “utopía matriarcal,” que rompe con las expectativas que tienen los extranjeros de un México machista. ¿Cree que esta recepción es apropiada, la visión de “utopía matriarcal” le hace justicia a su trabajo y a Juchitán?

No, no le hace justicia. Es cierto que las mujeres de Juchitán llevan la economía, dominan en el mercado donde no pueden entrar los hombres, (a no ser que sean muxes, los homosexuales). Sí, hay la tradición que los homosexuales, como Magnolia, son muy bien aceptados en la sociedad, ayudan a las mujeres en el mercado y en las cantinas donde los hombres no pueden entrar. Pero no es verdaderamente matriarcal porque al final reparten dentro de la familia. También dan al hombre para que se emborrache, y el hombre es macho en Juchitán. Lo que pasa es que las mujeres son muy fuertes. Así que, es un espacio [de] semi-matriarcado. Cuando les dieron a las mujeres de Juchitán el texto que hizo Elena Poniatowska [“El Hombre con el Pito Dulce”[2]] dijeron que no es cierto, que así no era Juchitán. Pero Elena tiene la tendencia de escribir que todo es maravilloso.

No sé por qué, pero este libro [Juchitán de las Mujeres] tuvo mucho éxito en otras partes, y con muchas feministas. Vinieron a Juchitán de muchos sitios, de Japón, de Inglaterra, y le preguntaban a ella [el sujeto de “Nuestra Señora de las Iguanas”], pues eres feminista? Y ella no entendió ese término. Contestaba simplemente  “Pues, desde que murió mi marido, tengo que mantenerme sola”. Entonces, lo que quiero decir es que todo es ambiguo. Yo no quiero ir y decir que en Juchitan las mujeres son fuertes y matriarcales.

Y por parte de Juchitán, mucha gente me califica de feminista. Yo les digo, sí, soy feminista, pero mi fotografía no. Sí ayudo a las feministas. Pero en mi trabajo no soy ni política ni feminista. Soy política, soy una gente politizada. Pero mi intención [en el arte] no es política, ni matriarcal.

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Nuestra Señora de las Iguanas, Juchitán, Mexico, 1979.

Para mí, las fotos suyas que más me fascinan demuestran ese mundo ambiguo que no es ni patriarcal ni matriarcal. Es un mundo sin barreras con mucho espacio gris, mucho movimiento. La muerte y la vida, el sueño, los animales y los humanos. Crea un mundo de coexistencia. Algunos críticos interpretan estos elementos en sus obras como ejemplo de surrealismo. ¿Qué le parece?

Tampoco estoy de acuerdo.

Existe el riesgo de que la gente que no conoce Latinoamérica asocie el surrealismo con lo raro y lo latino, el misterio...

Eso me choca. ¡Y el realismo mágico! Cuando me preguntan eso yo digo “No! Cada fotógrafo tiene su mundo!” En el mismo México, ¿qué tiene que ver el Yucatán con Oaxaca? Nada. ¿Qué tiene que ver el norte donde yo fotografié los Seris? Y aparte, no tenemos una estética latinoamericana. Les dije, “Ustedes inventaron eso por el boom latinoamericano, para vender más”. Ahora, tú lees a García Márquez, a Vargas Llosa, y a todos éstos, y no tiene nada que ver. ¿Por qué [categorizarlo como] realismo mágico? Los europeos al mundo del tercer mundo le aplican esto. ¿Tienes una manera inglesa, o americana de ver el mundo?

Pues no, estoy de acuerdo. Creo que la categorización de un artista es una manera de quitarles la autonomía, ¿no? Bueno, y fuera de Latinoamérica, como mujer cree que ve de una manera particular?

Ésa es una discusión que siempre me dicen: que si eres mujer fotografías de una manera diferente al hombre. Yo digo, “Bueno, si, soy mujer, tengo hijos, he tenido la maternidad, y evidentemente mi parte femenina tiene que ver parte de eso en mis fotografías.” Pero no feminista, femenina. Hay muchas mujeres que fotografían como si tuvieran un espíritu masculino, como Diane Arbus, que me encanta. Y hay muchos hombres que son femeninos. Entonces no se puede clasificar. Yo, claro, tengo elementos de que fui madre, tengo nietos, soy mujer, claro, mi parte femenina sale. Pero también mi parte masculina sale. No se puede encasillar; hay de todo un poco.

La manera en que alguien lee una foto tiene mucho que ver con símbolos y referentes. ¿Usted crea sus propios símbolos? ¿Ve simbolismo en sus fotografías?

Yo creo que sí. Me gusta mucho lo simbólico; por ejemplo, en cuentos de la Biblia como el sacrificio de Isaac. No es que cuando esté tomando las fotos lo estoy pensando, porque no tengo tiempo. Pero cuando hay algo de simbólico en mis fotos, me gusta pero no me lo propongo. Sí me gustaría que mis obras tuvieran algo simbólico. Pero no sé cómo lograrlo.
Ves que “Nuestra Señora de las Iguanas” ahora es un símbolo de Juchitán pero nunca me lo imaginé. Ahora hay una escultura de Juchitán de ella, horrorosa. En Los Ángeles también hay un mural de “Nuestra Señora de las Iguanas.”

La verdad es que esa foto es muy impactante, muy emblemática. Pero la puedo leer con más facilidad, no me desconcierta tanto como su fotos como “El sueño,”o “Cristina” que no me proponen respuestas directas. En general, ¿cree que importa si su público conoce o no el contexto cultural, o el significado simbólico de sus sujetos; por ejemplo de las cabritas, o de las iguanas, de las muxes?

No, no me importa. Yo hago fotos, y yo interpreto la realidad. La cámara para mí es un pretexto para conocer el mundo y las personas. Y luego, la gente que ve mis fotos va a interpretarlas de su manera, y no me importa. Cada uno cuando ve un paisaje lo interpreta de una manera. Que cada quien interprete lo que quiera de acuerdo de su cultura, sus conocimientos, su ignorancia, su espontaneidad. Eso es lo que más me gusta. Yo hablo de las situaciones en que las tomé, pero las personas tienen que interpretar [las fotos]. Yo interpreté esto, y usted tiene que interpretarlo de su manera. Uno capta una cosa, y el espectador capta tal vez otra. A veces coincidimos, a veces no. Yo salgo para fotografiar para mí; lo demás no me importa. Y te digo, para mí, el momento de fotografiar es una terapia - ¡qué maravilla!
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El Sueño, La Mixteca, Mexico, 1992.
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Cristina, White Fence, East Los Angeles, 1986.

 

[1]Esta entrevista ha sido editada y reducida.

[2] Es unn texto hermoso y muy poético, pero ofrece una visión limitada de Juchitán, que gira únicamente en torno del supuesto poder e independencia de las mujeres en esta zona.