Miguel Figueiras: Anoche me escapé del purgatorio

Blanco.
Blanco.
Blanco que repite
y se repite.

Blanco.
Blanco que repite.
Una puerta solitaria.
Cerradura con forma de hueso.

Arrastrando su cuerpo
de norte a sur
de este a oeste
un desamparado esqueleto.

Su voz como tierra
gastada y seca,
“Una flor con piel de oso,
resistiría el invierno,” me dijo.

Siguió su camino,
sin destino en vista
Y me lancé sobre él
Para arrancarle la médula.

Blanco.
Blanco.
Blanco que repite
y se acabó.