Grace Feinman-Riordan: Dos poemas

Marea alta

Puede ser más oscuro de lo que había esperado
No lo sé
Pero sí
puede ser
Puede ser que tropiece
No importa
La arena es blanda e indulgente
Me río cuando me caigo porque sé que me va a atajar
Y no me duele nada
No me duele nada
Huele a verano

Casi te puedo ver a la distancia
Aunque no sabía que estabas tan alto (¿has crecido?)
Y ese no es tu sombrero
Se lo has robado a alguien, pero ahora no me acuerdo a quién
Me he levantado sin pensar y voy a caerme otra vez
Espero que sea a tu lado

Y al otro lado: la hierba de la playa, la ammophilia
La casa olvidada
Necesitamos las dunas
Las dunas nos necesitan
(O debería ser así)

Todos se ríen, desafían, bromean
(Allí va Ian, montado a caballito)
Pero nadie olvidará lo que pasó hoy
[spacing] No podríamos si quisiéramos (y no queremos)

Te digo eso y sonríes, niegas con la cabeza, miras al otro lado
Pero tu mano se queda en mi cintura
Ya tienes calor y huele a mar
No puede ser la primavera
No lo creo

Expresionismo abstracto

Un televisor que no tiene imagen
Un abismo que nunca termina
Un paso fatal y te caes

Tanto anaranjado
como el juego que jugabas cuando eras niño.
“No pises la lava” pero al revés:
La lava es el único lugar seguro

O el césped, o el sol, o la alfombra morada
Donde vomitó tu prima anoche
No deberías haber permitido que bebiera tanto
Arruinó la alfombra y no hiciste nada
Tu madre te va a matar cuando lo vea
¡Cuidado! ¡No te caigas!

¡No te caigas, tu madre todavía tiene que reprenderte!
Hay cosas para hacer, lugares para visitar,
mujeres para amar, ¿me has oído?
¿Me has oído? ¡No te caigas, tonto!

Deberías haberte quedado en el césped
(por dios)
o por lo menos al sol
No está tan fuerte